Estando en prácticamente cualquier parte del mundo en el que hay montañas, se verán nubes. He tenido el enorme placer de ver nubes por diferentes partes de América Latina – en Colombia las nubes que cubrían las montañas llamadas “las tetas de la india” siempre me cautivaban, como si estuviera en un sueño y los héroes del pasado aparecieran de nuevo, las nubes tocando las cimas hermosas. Estando en San José, Costa Rica, dudo que se niegue la belleza de las montañas que rodea la ciudad, siempre en el fondo y añadiendo un aspecto bello y natural a una ciudad que en lo demás es super moderna. Y cerca de Azacualpa, Honduras las nubes se suben del valle como rizos de cabello, recordándome el viaje que tomé con una amiga de Ixtapan de la Sal a Taxco una mañana, durante el cual veía las nubes parecían espíritus extendiendo sus manos hacia el cielo mientras el camión nos llevaba a la ciudad de plata.

(Algunas nubes dentro de las montañas en Azacualpa, Honduras, verano 2026)
Ver las nubes al diario durante mis caminatas largas de mi AirBnb a la Universidad de Costa Rica durante mi estancia en San José, me hizo pensar en lo que son las nubes y cómo las percibimos.

(Las nubes en San José, Costa Rica, durante mis caminatas, verano 2026)
Creo que en la literatura, las nubes normalmente se asocian con la oscuridad. Con razón. Comencé a pensar en eso mientras caminaba por una puente que cruce por encima de la vía principal de San José. Cada día veía como las nubes cubrían las montañas en la distancia. Y un día, cuando estuve de mal humor, pensé que las nubes nos oscurecen la visión. Pensé en cómo tenemos que tomarlo día por día. Paso por paso. Nunca sabemos lo que está por venir, y por esa neblina simbólica, nos adelantamos con la fe de que todo estará bien.
Aunque en ese momento, mis pensamiento vagabundeaban por pensamientos un poco más oscuros, hay que pensar que las nubes también nos ayudan bastante. Tan cerca del ecuador como estuve en América Central, las nubes nos protegían de los rayos ultravioletas del sol. Y muchas veces esas mismas nubes traían agua y lluvia refrescante. Durante los días más fríos en Honduras, podía ver las nubes a la distancia, con truenos y relámpagos, prometiéndonos lluvia que muchas veces no llegó. Sin embargo, cuando llovía, llegaba un aguacero. Algunas noches, me despertaron la lluvia y los truenos, mientras unas tormentas poderosas pasaban por donde me quedaba. Y una noche, tomé unas fotos bellísimas mientras las nubes pasaban por donde me quedaba, su presencia bañándome en una luz etérea.



Las nubes pueden simbolizar muchas cosas y algún día, quizás llegue a expandir esas ideas.
Deja un comentario