
Si alguien me llegara a preguntar cómo pasé mi cumpleaños este año, le diría, “Enseñé clase y tuve diarrea.” No para que nadie se sienta mal. Al contrario, me habían planeado una sorpresa que no pudo ser porque tuve una emergencia de trabajo a la que tuve que acudir. Para mí, el verdadero regalo es en dar a otra gente, así hasta el día de mi cumpleaños puedo decir que viví de acuerdo con mis ideales.
Los cumpleaños son algo complicados para mí porque revelan los conflictos emocionales con los que vivo. En parte, recuerdo muchos cumpleaños de niña en los que me fue mal por las constantes peleas entre miembros de mi familia. O sea, al recordar los cumpleaños pasados, siento en parte ese dolor de no haber sido tan importante como el objeto de conflicto que sucedía.
Lo bueno es que de adulta, he pasado cumpleaños buenos y bonitos. Este año, antes de ir de viaje por dos meses al extranjero, mi hijo me pagó una cena en uno de nuestros restaurantes favoritos.
Al final de cuentas, ya no me importa mucho que me celebren el cumpleaños. Como muchos días festivos hoy en día, me parece simplemente otra forma en que el consumismo llega a cobrar una importancia más en la vida nuestra. Y aunque me gusta que me celebren el cumpleaños, no quiero que me lo hagan si no me han mostrado a lo largo del año que soy importante todos los días. Para mí, lo más importante es pasar tiempo con mis seres queridos y disfrutar de su presencia aquel día especial. Si no tenemos tiempo para estar juntos el resto del año, ¿qué vale celebrarle a uno solo un día del año?
Y es a eso que voy hoy. Para muchos, no haber tenido una celebración grande para los cuarenta, que nadie se lo haya celebrado como un gran espectáculo habría sido causa de sentirse mal. Y no voy a decir que no me sentí mal en ningún momento. Pero estando sola en otro país, sin quién me llevara un pastel, ni quién me contara feliz cumpleaños, ni quién me abrazara, me di cuenta de que yo soy suficiente. Nosotros llenamos de valor cosas vacías – el día de mi cumpleaños es simplemente cualquier otro día para los demás, solo es especial para aquellos que me valoran.
Recibí mensajes bonitos aquel día de un par de personas queridas. Pero después de charlar con una amiga cercana sobre los cumpleaños y las redes sociales que nos recuerdan los días del cumpleaños, decidí eliminar el día de mi cumpleaños de Facebook. Hasta ahorita no entiendo por qué, pero sentí un alivio enorme el día de mi cumpleaños cuando entré en Facebook solo una vez y no vi ningún saludo.
Volviendo a una idea anterior, aunque no me hayan celebrado el cumpleaños este año, sé que para las personas importantes en mi vida y las que me quieren, me celebran la vida todos los días. Cuando me invitan a desayunar y a salir a hacer cosas juntos. Cuando me abrazan. Cuando me hacen saber que están más felices por mi presencia. Cuando hacen planes conmigo. Cuando me escuchan cuando estoy triste. Cuando me secan las lagrimas cuando lloro y cuando celebran los logros por los que he trabajado tanto. Cuando están agradecidos porque me he mostrado firme con ellos. Cuando me perdonan mis días malos. Cuando me regalan su tiempo, su presencia y su cariño. Eso sí.
Así, celebrémonos todos los días. La vida es demasiada corta para no hacerlo. Y si nadie te lo ha dicho hoy – eres un ser especial, único y con mucho valor para los demás. Estoy agradecida por ti y tu presencia en mi vida.
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